El cenote llamado, “Xooch”, que significa “cayo” tiene un diámetro de 70 metros y 60 metros de profundidad aproximadamente. Está bardeado con un tejido de bejuco y desciende por una escalera de metal, dentro de un pozo de agua antiguo. Una plataforma de madera, sostenida por unos tambos de plástico, es el único lugar seco al bajar. Sus aguas turquesas invitan a sumergirse de inmediato.

 

“Grupos empresariales se han acercado en varias ocasiones, nos ofrecen una fuerte suma de dinero. Tenemos años diciéndoles que el cenote no está en venta. El cenote es de nuestra comunidad y participan en él para su cuidado y preservación, compañeros que viven también en el pueblo y nos ayudamos entre todos” detalla Regina. Este no es el único caso, donde empresas de turismo masivo se interesan por los cenotes de Yucatán. Existen muchos otros, que se han vendido al mejor postor, sin embargo, cada vez son más, las propietarias y propietarios conscientes de las ventajas de que la propia comunidad, administre estos espacios.

 

La cooperativa “Tsonot Kaaj”, inició en 2012 y actualmente forma parte de la Alianza Peninsular para el Turismo Comunitario (APTC), una red conformada por 24 cooperativas de la Península de Yucatán. Explorar la selva de Calakmul, ir de pesca con los experimentados pescadores de Campeche, aprender de la herbolaria maya, nunca había estado tan al alcance de cualquier viajero.

 

La Alianza Peninsular para el Turismo Comunitario, apoyada por el Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del FMAM, es uno de tantos ejemplos de turismo comunitario que se consolida, a pesar del complejo escenario “Nos llovió sobre mojado. Nosotros que vivimos en el mar y en el campo, sentimos más los efectos de la contaminación” comparten pescadores y campesinos. En 2020, la Península de Yucatán tuvo una temporada histórica de tormentas tropicales y huracanes. Las inundaciones provocaron también pérdidas de cultivos y daños a la apicultura, por mencionar algunos sectores.

 

Al elegir un destino turístico, sería interesante preguntarse “¿A quién prefiero apoyar? ¿Qué experiencia deseo recordar? ¿Cómo contribuye mi visita a la conservación del medio ambiente?”.

El grupo de mujeres y hombres, quienes trabajan desde la, se capacitaron en bioseguridad e higiene, para recibir a los visitantes con los protocolos sugeridos por la Organización Mundial de la Salud, Secretarías de Salud y Turismo. Con el lema “Viaja seguro y solidario, viaja turismo comunitario” las 24 cooperativas, se certificaron en un evento realizado en Ek-Balam, Yucatán, el pasado noviembre de 2020, donde reafirmaron el compromiso de trabajar para fortalecer y promover el turismo comunitario, un concepto que adquiere un sentido mucho más profundo en ésta época.

 

Después de unas horas de nadar en este bello cenote, los visitantes se sientan nuevamente en la mesa para degustar los platillos que Ananías combina, entre las recetas aprendidas en Colorado y los ingredientes de las milpas de Cenotillo.

 

CONTACTO

 

Los sitios que conforman la APTC de Campeche, Yucatán y Quintana Roo pueden conocerse y reservarse en la página web www.viajaturismocomunitario.com

 

Foto: Abraham Puebla Castro

De las franquicias, al turismo comunitario. El regreso de Ananías a Cenotillo, Yucatán

por Claudia Novelo Alpuche · SOM Editorial Colectiva A. C.

 

 

Ananías, antes de dedicarse al turismo comunitario, trabajó durante más de 20 años en franquicias restauranteras en Colorado y Dakota del Sur, Estados Unidos. Cruzó la frontera cuando tenía 14 años y no sabía una palabra de inglés. Su lengua vernácula es el maya. Comenzó lavando platos y después conoció todos los secretos de la cocinas en un ambiente, donde no sólo había mexicanos como él, si no mujeres y hombres, provenientes de Honduras y Guatemala, e incluso vecinos de su mismo pueblo, Cenotillo, Yucatán, todos con un objetivo en común; mejorar las condiciones económicas de sus familias.

 

Sentados en la mesa bajo una fresca palapa, mientras desayunan acompañados de unas tortillas hechas a mano, un grupo de turistas texanos, dialogan con él en inglés. Uno de ellos pregunta ingenuamente “¿Alguna vez hiciste ski?” Ananías, responde entre risa y lamento “We did not have time for fun, man”.

 

Al volver a sus raíces en Cenotillo, ubicado a tan solo una hora del mítico sitio arqueológico de Chichén-Itzá, Ananías emprende, junto a Regina, su esposa, como pocas ejidatarias de la zona, un proyecto de turismo comunitario, que posee un cenote abierto, rodeado de exuberante belleza, un deleite para los ojos. “Nuestro cenote es como una joya escondida y deseamos que se mantenga rústico pero brindando seguridad y confort a los visitantes” comparte Regina.

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