Las mujeres rurales que van guiando los procesos y los espacios compartidos, durante el desarrollo de las diferentes actividades, van promoviendo con los grupos la importancia de vincular la participación local, el reconocimiento del trabajo, la visibilización de las decisiones de las mujeres rurales y juventudes, de la importancia de la planeación y la organización, y del reconocimiento, cuidado y conservación del territorio, de su biodiversidad y sus bienes naturales. Procesos que van acompañando de talleres de capacitación en prácticas agroecológicas, medicina tradicional, cultura del buen trato, ahorro comunitario, y sobre todo con reuniones de reflexión que les han permitido avanzar integralmente en sus actividades.

 

Si bien, sus actividades productivas y de reflexión se han visto limitadas por la contingencia actual, causada por la pandemia COVID-19. Las mujeres rurales líderes y de los grupos comunitarios, han avanzado con las actividades que se han propuesto. Sumando a ello, la campaña de información sobre a qué se refiere el COVID-19, su posible origen, pero sobre todo las medidas básicas de cuidados y prevención que se deben mantener. Cabe mencionar, que ante esta situación mundial, ha florecido la importancia de la autonomía de la producción sustentable de alimentos, la solidaridad y organización comunitaria y la importancia de la conservación de la biodiversidad y los bienes naturales.

 

Los procesos sustentables de los grupos comunitarios participantes, dieron inicio desde hace cuatro años aproximadamente. A partir del impulso económico, organizativo y técnico que parte del proyecto PPD, se está trabajando colectivamente no sólo para alcanzar mejores resultados en cuanto a sus ingresos económicos, sino también para profundizar y difundir la relación que los procesos sustentables tienen con el cuidado del territorio, la biodiversidad y los recursos naturales.

 

Por sencillos que parecieran los procesos, en cada etapa se desarrollan no solo como proyectos productivos sustentables, si no como espacios para el aprendizaje mutuo a través de la acción-reflexión-acción. Espacios, que en cada actividad, promueven la convivencia con buen trato entre los hombres, mujeres y juventudes participantes, y que desde su condición, saberes, experiencias y responsabilidades puedan impulsar la importancia de dar continuidad a los procesos sustentables, a la conservación de la biodiversidad y el buen uso de los recursos naturales.

En general, para ir avanzando en sus proyectos productivos sustentables, las mujeres rurales, se organizan en grupos comunitarios y van realizado en común y a sus tiempos, las siguientes actividades:

 

  • Reuniones comunitarias de presentación del proyecto y su proyección;
  • Reuniones comunitarias de diagnóstico y planeación participativa;
  • Talleres de prácticas agroecológicas;
  • Talleres de sensibilización ambiental con la comunidad escolar;
  • Vinculación y capacitación con Protección Civil Estatal;
  • Vinculación institucional y comunitaria;
  • Avance en la implementación de acciones de reactivación del suelo, siembras con prácticas agroecológicas, regeneración de acahuales, producción de plantas medicinales;
  • Fortalecimiento de la producción de miel limpia;
  • Fortalecimiento de la medicina natural, como un proceso preventivo;
  • Fortalecimiento de los procesos administrativos y de inversión;
  • Reactivación de espacios de intercambio, saberes y expresión.

Aplicando las relaciones de buen trato con todas las formas de vida, sobre todo en éstos momentos tan complicados e inciertos. Han valorado y reconocido la resiliencia de los grupos organizados de las mujeres rurales de la sociedad cooperativa, pudiendo resaltar la importancia de mantener sus grupos de ahorro durante muchos años y les ha permitido tener liquidez, pero sobre todo les ha facilitado las formas de organizarse en este tipo de desastres.

 

Han reivindicado la importancia de la biodiversidad, de la soberanía alimentaria, de las plantas medicinales y el buen manejo de los bienes naturales. Son comunidades que a la fecha cuentan con alimentos naturales, y no dependen significativamente de insumos externos. Son mujeres organizadas, que día a día van resaltando su posición y participación y la importancia de continuar facilitando espacios donde puedan potencializar sus saberes y capacidades, donde puedan libremente continuar con sus proyectos productivos sustentables. Proyectos detonadores de la soberanía alimentaria, la conservación de la biodiversidad y sobre todo de la confianza con ellas mismas y entre ellas. 

 

Las Mujeres Rurales de la Frontera Sur nos regalan sus sentires a través de los siguientes testimonios:

 

“Al reunirnos con las mujeres de las Comunidades de Aprendizaje Locales podemos compartir el amor por la naturaleza. Juntas reflexionamos que se están perdiendo muchas plantas y animales. Y juntas, compartimos la preocupación por la contaminación del suelo y el agua.”

 

“Cuando nos reunimos con las mujeres del grupo, compartimos cómo estamos, qué nos pasa como mujeres, qué pasa en la familia, en la comunidad; y en nuestro territorio del río Usumacinta. Compartimos ideas, preocupaciones, sentimientos, experiencias, sueños y esperanzas.”

 

“Nos reunimos a capacitarnos, planear nuestras actividades y llevar a la práctica lo que aprendemos sobre: reforestación; elaboración de compostas y utensilios con materiales reciclables. Pero igual, reflexionar sobre las relaciones en la comunidad, entre las mujeres y los hombres.”

  

“Lo mejor de reunirnos con el grupo es platicar entre todos, todas y convivir. Reforzar nuestros conocimientos, intercambiar saberes y experiencias. Conocer y defender nuestro territorio.”

 

“Llevamos muchos años juntas, porque hemos ido construyendo un lugar donde nos encontramos, un lugar para nosotras. Podemos expresarnos: cómo me siento, cómo nos sentimos, expresarnos de diferentes maneras: escribiendo, con dibujos, arte, con el cuerpo, defendiendo el territorio, nuestros hogares, la comunidad.”

 

“Los grupos y las Comunidades de Aprendizaje Locales son espacios donde nos sentimos acogidas, queridas, en confianza. Muchas veces nos cuesta abrir lo que pensamos y lo que sentimos, pero en la CAL se va construyendo la confianza a partir de la conexión con nosotras mismas y  conexión con otras personas. Para nosotras la CAL es un trabajo colectivo y satisfactorio, queremos más, queremos seguir.”

 

“Las mujeres de las CAL se levantan y explican desde su corazón lo que sienten de ellas mismas, desde sus territorios, defendiendo su río. Es un trabajo que debe tener secuencia, es seguir, seguir, avanzar. Es mi territorio mi cuerpo, es mi territorio mi casa donde vivo, mi comunidad.”

 

“Con la CAL hemos aprendido a organizarnos y a compartir nuestros problemas y cómo podemos defender y cuidar nuestro territorio de la cuenca del río Usumacinta. Hacemos juntas varias actividades importantes y que nos gustan: reforestar con árboles de la región, sensibilización de niños y niñas, captación de agua de lluvia, vivero, pero sobre todo luchamos por un territorio digno. Cada mes nos juntamos en la CAL, y siempre lo primero es preguntarnos cómo estamos, cómo nos sentimos, qué pasa en nuestro alrededor.”

 

“La CAL y las actividades nos adueñan de nuestro territorio, amar la tierra, plasmar la flora y la fauna en el bordado. Invitan a la gente a amar su territorio, la biodiversidad.”

 

“En las CAL nos expresamos como mujeres, pero sobre todo expresamos nuestro amor por la naturaleza, por la biodiversidad, por los ríos y los árboles de nuestra región.”

 

CONTACTO

Las Mujeres Rurales de la Frontera Sur A. C.

claudiacomunitario@gmail.com

 

Compartiendo sentires, saberes y prácticas sustentables

Con la colaboración y participación de Gladis Rosario, Dolores Echeverría, Griselda Gómez, Irlanda Gutiérrez, Yesenia Zetina, Ana María Osorio, Graciela Ara, Dominga Alejo, Inés Alejo, Alejandra De Velasco y Claudia Velásquez - Las mujeres rurales de la frontera sur A. C.

 

Las Mujeres Rurales de la Frontera Sur impulsan las Comunidades de Aprendizaje Locales como sus espacios de expresión, donde mujeres, hombres y juventudes colocan el corazón para sentir y compartir a través de la escucha, el diálogo y la reflexión colectiva las problemáticas que les afectan como personas y como comunidad, pero al mismo tiempo se expresan para compartir historias, experiencias, saberes, estrategias colectivas y avivar proyectos sustentables, como es el caso del proyecto PPD, que actualmente está fortaleciendo cuatro procesos sustentables de los grupos de mujeres rurales organizadas que conforman la sociedad cooperativa. Quienes buscan su bienestar y al mismo tiempo promueven la conservación de la biodiversidad y los bienes naturales.

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