Un ejemplo es la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, a través de las ecotecnologías. El proyecto de la cooperativa Túumben K’óoben tiene diferentes ejes: El primero es la promoción de estufas ahorradoras de leña. Promueve un modelo imaginado hace 15 años por constructores, cocineros y cocineras, mediante un proceso innovador de diseño participativo. Comprometida en romper paradigmas, la cooperativa forma a mujeres para que puedan construir y mantener sus estufas. Una tarea innovadora, que compite contra modelos prefabricados e importados que pueden terminar oxidados por la omnipresente humedad tropical. “Se usan en la construcción de la estufa insumos que usaron los antiguos mayas para construir las pirámides que aún resisten al sol” explica Dulce Magaña, presidenta de la cooperativa. Solo que ahora, se recubre de losas, al gusto de la familia que será la usuaria de la estufa. La cooperativa ha colaborado con el CIGA-UNAM para identificar presiones en el uso de leña en las regiones, y conecta ahora a las estufas de leña con el paisaje forestal, que provee el combustible.​

En otro extremo de la Península, en una isla que ya sufre los embates del cambio climático, nos recibe otra mujer comprometida con su comunidad y el medio ambiente. Lorena Benítez, administra con su familia un proyecto de turismo comunitario, es decir, un proceso que, más allá del enfoque ecológico, provee beneficios sociales y ambientales a la comunidad. Pero en esta ocasión no es el delfín (el atractivo principal de la isla) que llama la atención. La cooperativa recientemente instaló 18 paneles solares en el techo de su hotel, el Centro Ecoturístico “Zazil-Há". Con una potencia de 6000 W en un día soleado y un medidor bidirecional, el hotel no solo redujo el 90% de su consumo, sino que inyecta a la red eléctrica de Isla Aguada, energía limpia proveniente del abundante sol. Para profundizar aún más el proceso, la cooperativa propuso el uso de un vehículo eléctrico para transportar a los visitantes. Recargado con los paneles solares, el flamante vehículo obtenido gracias al apoyo del programa PACMA, permite en esta reapertura de turismo, un movimiento silencioso, seguro y neutro en emisiones.​

Además de esas acciones de mitigación, encontramos otras innovaciones comunitarias para adaptarse a esta emergencia climática. Como todos los proyectos financiados por el PPD, deben incluir medidas de adaptación, las cuales llamamos “blindaje”, sería difícil mencionarlas todas en este texto. Pero podemos destacar a tres, compartidas durante el conversatorio llevado a cabo en el marco del cierre de la temporada de huracanes 2020. 

 

Una solución, que no se menciona mucho en foros especializados, es la solidaridad. Desde Quintana Roo, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, Eduardo Moo Pat, presidente de la cooperativa apícola “La flor de tajonal” cuenta que tras el paso de 3 fenómenos hidrometeorológicos y las inundaciones inusuales, se perdieron muchas colmenas. Sin embargo, a nivel comunitario, pero también a nivel de organización, como es la Alianza Maya por las Abejas Kabnáalo`on, sobresalió la solidaridad. Préstamos de casa en medio de la pandemia, intercambios de alimentos entre comunidades, ayudar con donaciones desinteresadas al prójimo para recuperar su producción, han sido algunos elementos notables. Nos deja pensando que este valor de solidaridad, fundamental en la civilización según antropólogos, puede ser reforzado ante el aumento en la frecuencia de anomalías climáticas.

 

En otro paisaje, en Hopelchén, Selena Uc Pantí, de Ka Kuxtal Much Meyaj, nos comparte su visión. Recientemente con las tormentas y huracanes muchas de las carreteras y caminos se convirtieron en lagunas y las comunidades quedaron incomunicadas. “Para nosotros la participación de los jóvenes fue muy importante. Al ser nuestros enlaces comunitarios, logramos con ayuda de la tecnología, mantener la comunicación, conocer la evolución de los huracanes y sobre todo resguardar las semillas nativas para la próxima cosecha”

En Isla Arena, en la Reserva de la Biosfera de Celestún, Rossana Rivero comparte otra historia. “La gente de mi comunidad tiene cultura de prevención, al ser una zona extremadamente vulnerable, los pescadores ya se preparan, sin embargo, este año fue completamente atípico, aunado a la pandemia, que ya había provocado que cerrara el único acceso a la isla. La gente tenía miedo de evacuar e ir a un refugio. Elegir entre el huracán o el COVID, la gente optó por quedarse”. Las muestras de solidaridad no se hicieron esperar y la comunidad se organizó con otras cooperativas del campo e intercambiaron productos del mar con aquellos de la milpa.

 

Además de las experiencias comunitarias, este conversatorio fue un momento para analizar los datos de la temporada. El Dr. Christian Appendini, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, mencionó que este año aumentó el 248% el número de tormentas con nombre en la cuenca atlántica, es decir, eventos que rebasan el nivel de depresión tropical.

 

El meteorólogo Juan Palma, compartió las herramientas que son utilizadas para ofrecer información clara a la población y resaltó la importancia de que las y los ciudadanos generen también datos, como es el caso de la estación meteorológica, como la que se encuentra en el techo de la oficina donde Selena labora en Hopelchén, Campeche.

 

Conocer soluciones concretas, que pueden ser adoptadas por más comunidades constituye una ruta para anticipar esta emergencia. Incluir la adaptación al cambio climático como eje transversal y permanente como lo hacemos desde hace 15 años junto con el Programa de Apoyo a la Reducción de Riesgos de Desastres en México, es otro modelo que puede ser replicado en proyectos de desarrollo enfocados a la sostenibilidad.

 

Junto con SOM Editorial Colectiva A.C., seguiremos contando historias de comunidades que toman la emergencia climática en serio. Incluyendo la innovación de generar capacidades para que estas historias sean contadas por las propias comunidades y de manera colectiva, como ha sido el caso del boletín de noticias del PPD. Existe una historia que merecer ser contada con la propia voz de creadores de soluciones, pero también por los afectados por los efectos del cambio climático, es decir, todas y todos nosotros.

2050, el mar amenaza a la ciudad de Campeche​

por Sébastien Proust y Claudia Novelo

 

“2050, (…) el mar en Campeche como en todo el mundo, amenaza a la costa, por los efectos del cambio climático vaticinado en décadas anteriores y el deshielo son ya realidades”. Así inicia la novela colectiva "Ahí donde se quiebra la piedra" escrita por jóvenes peninsulares impulsada por SOM Editorial Colectiva A.C., una organización que promueve la creación literaria y colabora con el PPD.

 

2020, diciembre, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió a los gobiernos que declaren un estado de emergencia climática hasta que se alcance la neutralidad de carbono. "Si no cambiamos de rumbo, nos podríamos dirigir hacia un aumento catastrófico de la temperatura promedio de más de 3ºC". El cambio climático ya no es una posibilidad lejana, sino una realidad perjudicial, con consecuencias reales. Ante esta prospectiva y este urgente llamado a la acción, encontramos a comunidades de todo el sureste innovando para enfrentar este fenómeno.

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